Comprar una vivienda de segunda mano es la mejor opción para quienes buscan una propiedad lista para entrar a vivir o desean adquirir una vivienda sin los plazos de espera habituales de la obra nueva. El comprador puede visitar el inmueble, comprobar su estado de conservación, conocer el entorno y tomar una decisión con total seguridad antes de la compra.
En el caso de las casas de campo y fincas rústicas, la segunda mano es prácticamente la única alternativa. La normativa urbanística limita la construcción de nuevas viviendas en suelo rústico, por lo que este tipo de propiedades forman parte, en su inmensa mayoría, del mercado de segunda mano.